Apuntes en la cuarentena: segunda parte

Con S de síntomas
Por: Marta María Quintana Álvarez, 40 años martapress@hotmail.com

Me pregunta la matrona a la semana de haber dado a luz si tengo síntomas de depresión. Yo, semisentada en la silla porque me tiran los puntos, inclinada hacia delante porque tengo la espalda de la epidural entre acolchada e inservible, con más ojeras que un mapache de Yellowstone, pálida como la niña de la curva y con un look desaliñado pero no porque se lleve así sino porque no te entra nada o te sobra todo y te has puesto lo más oscuro, amplio y vintage que has encontrado, la miras y dices:

Síntomas?. Como cuales…..?….

Y ella te va diciendo: ganas de llorar sin motivo aparente, ansiedad, angustia, falta de apetito, insomnio, miedo irracional……

Y tú asientes vigorosamente con la cabeza y sacas los Kleenex: si, si, todos, todos, eso, eso, todo el tiempo, bueno, todo el tiempo no, desde hace una semana, y no a todas horas, cuando estoy con el bebé no, bueno, sí, porque me siento culpable de estar lloriqueando y me siento mala madre. Que en realidad, no me siento ni madre. Como para sentirme una mala madre. Pero quiero ser buena madre y no puedo porque tengo los síntomas esos….… y encima se me llena la casa de gente que no lo sabe y no me deja deprimirme en paz. Y mire, doctora, ah no, perdone, matrona, que no me hayo. Del verbo hallar.

Porque es raro, sabe usted?, que estoy feliz de repente, como no pensé que podría estar nunca pero para contrarrestar me ha entrado un miedo en el cuerpo que no encuentra lugar y por eso, se ha instalado por todo mi metro sesenta. Miedo de que le pase algo, le miro fijamente a todas horas, cada segundo, oyendo y palpando si respira o no, si lo hace rítmicamente o no, si parece tranquilo o está a punto de atragantarse. Y mientras lo hago, yo lloro porque tengo los síntomas esos, doctora, ah no, perdone, matrona. Y qué hago?. Me tomo algo?. Porque mi madre dice que es normal estar así y mi marido aguanta el chaparrón como puede pero con cara de suplicar que no dure demasiado. Insiste en bajar a hacer recados continuamente y estoy empezando a pensar que es por no verme con los síntomas esos. Total, doctora, ah no, perdone, matrona, qué pasa con esto entonces?. Me medica?. Me aguanto?.

Y no me dice mucho. Porque es de pocas palabras, porque era una pregunta estándar que probablemente todas contestaremos en positivo o a lágrima viva y porque seguramente sabe que en un par de semanas se me habrá pasado. En cuanto deje de tener el cuerpo dolorido y la mente a mil por hora. Así que esta vez el doctor Rejas, eminente ginecólogo, dice que ya he finalizado la cuarentena, que ha sido treintena nada más y que puedo hacer lo que quiera prácticamente. Y que tengo mucha suerte porque físicamente me he recuperado fenomenal y estoy estupenda. Y le miro raro porque creo que me miente. Y no quiero que me den el alta porque sigo teniendo síntomas. Todos. Pero no me hacen caso porque les pasa a todas, porque te dicen las demás madres que es normal y que se pasa solo. Que esta etapa es la menos dura. Madre mía!!!.

Así que aquí sigo, en mi ex cuarentena con mis cuarenta síntomas de no depresión. De mamá feliz. En 52,5 centímetros de largo se concentran ahora mismo todos mis síntomas. La enfermedad y la cura. Y no necesito más.

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